Artículo escrito por Andrea Farrando Delogu. Lic en psicología
El trastorno del espectro autista o TEA, abarca un amplio espectro del término en su manifestación fenotópica, se caracteriza por diferencias persistentes en la comunicación social y en las interacciones sociales de diversos contextos unidad patrones repetitivos y restrictivos del comportamiento, intereses y actividades. Estos rasgos han de estar presentes en las primeras fases del periodo del desarrollo de la persona, aunque pueden no manifestarse totalmente hasta que las demandas sociales superan las limitaciones. También pueden aparecer enmascaradas en estrategias aprendidas. La rigidez en ciertos patrones del orden especial de los objetos es un comportamiento asociado a veces con individuos con autismo.
La historia del autismo, desde los científicos, comienza en las publicaciones en 1943 “Trastornos autistas del comportamiento afectivo”, de Leo Kanner(1943), pero sufrió diversos atrasos y el avance de la investigación fue hasta recién a principios de 1960. No obstante las primeras descripciones científicas de El trastorno de espectro autista las encontraron en 1925, gracias al trabajo de la psiquiatra infantil soviética Grunia Sujareva, qué había descrito esta condición en detalles 20 años antes, aunque sus investigaciones quedaron en el olvido. Otro tanto ocurrió con las primeras observaciones de Hans Asperger, publicadas en 1944, pero que solo serían tomadas en consideración bastantes años después.
Durante mucho tiempo el autismo fue considerado un trastorno infantil. Sin embargo, hoy en día se sabe que se trata de un cuadro psicológico que acompaña a la persona a lo largo de toda su vida. Aunque el autismo debería ser detectado en los primeros meses de vida hay estudios en la actualidad que comprueban que se puede detectar hasta la edad adulta ya que hay pacientes que suelen enmascarar dichos síntomas.
Aunque aún no se ha clasificado su etiología, los trastornos del espectro autista parecen estar causadas por una interacción entre su susceptibilidad genética heredable y factores epigenéticos y ambientales que actúan durante la embriogénesis. Las controversias rodean a algunas causas ambientales presupuestas, toda suposiciones que han dado como resultados estudios científicamente no comprobables. Ante la publicación del DSM-5 en 2013, el concepto de trastorno autista —que según el DSM-IV se encontraba dentro de la categoría de trastornos generalizados del desarrollo— fue reformulado. En el DSM-IV, esta categoría incluía el trastorno de Rett, el trastorno desintegrativo infantil, el trastorno de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Este último se utilizaba cuando no se cumplían completamente los criterios diagnósticos de los demás trastornos. Actualmente esta clasificación no se ha cambiado. El DSM 5 incorpora, de acuerdo con el resultado de las investigaciones posteriores, el concepto de “espectro”, este término había sido usado por primera vez por Lorna Wong, a raíz de un estudio realizado junto con Judith Gould en 1979.
En cuanto a las intervenciones, las terapias que ofrecen mayor respaldo científico son las cognitivo conductuales. Estas tienen como finalidad mejorar la calidad de vida de las personas. Algunas cuestiones pendientes de investigar en el ámbito son las diversas manifestaciones que se revisten los autistas en la edad adulta y en las mujeres. Se dice que su mayor incidencia es en los hombres.
Clasificación
En la actualidad el sistema de clasificación no se centra en categorías descriptas de las necesidades del paciente, por el contrario atiende las cuestiones de intervención y por eso establece tres niveles de necesidades dentro del TEA.
- Nivel 1, personas que necesitan ayuda.
- Nivel 2, personas que necesitan más ayuda notable.
- Nivel 3, personas que necesitan ayuda muy notable.
Los tres criterios contemplados anteriormente pasan a ser solo los dos primeros en el DSM 5 reagrupándose los dos primeros en uno solo. Estos contemplan características como disfunciones sociales del lenguaje, comportamientos repetitivos.
En cuanto a las características que más prevalecen en el espectro autista, se reducen a dos principales: las dificultades en la interacción y la comunicación social, y los patrones de comportamiento repetitivos. Además, se destaca la importancia de explorar los rasgos sensoriales individuales, ya que estos son considerados una característica común en las personas con autismo.
Es importante en la actualidad utilizar el concepto espectro autista. La psiquiatra Lorna Wong, madre de una hija autista introduce el concepto de “espectro” autista, lo que a principios de los años 80 va a significar una automática reevaluación en el modo de entender y reforzar el autismo. A partir de 1997 comienzan a publicarse las guías de buena práctica para el autismo que tienen como fin garantizar la calidad científica de las investigaciones, el rigor en el diagnóstico y en la ética de las prácticas de intervención en los TEA, de acuerdo con los descubrimientos científicos que fueron surgiendo a fines de la década de los 90 y principios del siglo XXI.
Cuál es el cuadro clínico.
Según el DSM 5, el autista se caracteriza por retraso o alteraciones del funcionamiento antes de los 3 años de edad esta es una o más de las siguientes esferas.
- Interacción social y comunicación.
- Patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidas y repetitivas y estereotipadas.
El CIE (organización mundial de la salud) también las agrupa en estas dos funciones.
Características de una persona con autismo.
- Déficit en la reciprocidad socioemocional, que puede manifestarse desde un acercamiento social inadecuado o erróneo y dificultades para seguir una conversación, hasta una capacidad reducida para compartir intereses, emociones o afectos, o un fracaso para iniciar o responder a interacciones sociales.
- Falta de atención a partir del año y medio pues aparentemente no escucha.
- Déficit en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones, que abarca, por ejemplo, la dificultad para ajustar la conducta a distintos contextos sociales, compartir el juego imaginativo o establecer amistades, e incluso la ausencia de interés por los pares.
- Déficit en las conductas de comunicación no verbal, empleadas para la interacción.
La gravedad se determina en función de las dificultades en la comunicación social y de la presencia de patrones de conducta restrictivos y repetitivos. Asimismo, es frecuente la hipersensibilidad sensorial, lo que puede provocar que estímulos aparentemente insignificantes desencadenen una crisis en las personas con autismo. De este modo, la hipersensibilidad puede afectar los siguientes campos:
- Visual: puede presentarse una baja tolerancia a luces muy brillantes o a ciertos colores, como el amarillo, que pueden resultar molestos aunque no siempre actúen como desencadenantes directos.
- Auditivo: suelen detectar sonidos que otros pasan por alto y pueden aturdirse fácilmente con un ruido fuerte, en cuyo caso, suelen taparse los oídos.
- Olfativo: detectan olores que por lo general otras personas pasan por alto.
- Gustativo: la exacerbada sensibilidad gustativa podría llevarlos a desarrollar “trastorno de la alimentación selectiva”, cómo comobilidad.
- Táctil: en muchos casos son muy sensibles al tacto físico y puede que los que les desagrade ser tocados o ser muy selectivos al respecto.
También es relativamente frecuente que algunos adultos con esta condición presenten conductas que pueden percibirse como infantiles, lo cual en ocasiones podría confundirse con el llamado “síndrome de Peter Pan”.
Características en mujeres.
Es importante establecer una distinción entre hombres y mujeres que presentan autismo. Las mujeres pueden mostrar una mayor capacidad para camuflar los síntomas. En este sentido, se ha evidenciado que las mujeres con autismo suelen presentar:
- Mayor capacidad social, comunicativa y para hacer amistades.
- Mayor capacidad para el lenguaje simbólico.
- Menos estereotipadas y comportamientos menos repetitivos que los hombres o al menos en una manera menos perceptible.
- Mejores índices en la memoria, flexibilidad cognitiva y la motivación.
El “burnout autista” implica un agotamiento intenso, acompañado de dificultades en el funcionamiento ejecutivo, en la realización de tareas cotidianas y de una mayor sensibilidad sensorial. Este estado suele deberse al esfuerzo constante de “enmascaramiento” y de adaptación a un entorno que no responde a las necesidades de las personas autistas.
No se trata de un diagnóstico médico oficial; sin embargo, la comunidad autista y cada vez más profesionales lo reconocen como una parte real y significativa de la experiencia autista. Algunas personas autistas presentan dificultades para pasar de una actividad a otra, así como para iniciar o completar tareas. A menudo, pueden sentir que están “atrasadas”, incluso cuando logran comenzar o finalizar una actividad. Por ello, estas dificultades deben distinguirse de la pereza o de la falta de motivación.
Un “meltdown” (crisis) puede surgir si una persona autista tiene que procesar demasiada información, lo cual provoca agobio. Los desencadenantes pueden ser factores sensoriales o sociales, así como acontecimientos imprevistos, necesidades básicas insatisfechas o situaciones emocionales, y a menudo se acumulan. Pueden expresarse de forma verbal (gritos o llanto) o física (autoagresión). No son rabietas ni son intencionadas, y a veces no pueden ser controladas por estas personas; es decir, esta es una forma en la que una persona autista puede expresarse. La persona puede presentar signos de angustia de antemano, como pasearse de un lado a otro, hacer preguntas repetitivas, temblar o sudar. Si se bloquean es similar, y lo hacen hacia adentro. La persona autista suele ser incapaz de hablar o retraerse por completo. La manera en que podemos aliviar o evitar que la persona se sienta incómoda es cambiar de pregunta o no presionarlos, mostrándole que estamos allí para ayudarlos y dejando que se calmen, para que abandonen la situación y haciéndolos que puedan respirar lentamente.
Autismo idiotópico y autismo síndromico.
Cuando se habla del autismo sin otra especificación estamos refiriéndonos a un autismo idiotópico, condición incluida en los TEA. En estos casos no existe ningún marcador biológico. Pero los síntomas del autismo también pueden presentarse como consecuencia de otras afecciones etiológicas conocidas. Es lo que se denomina autismo secundario o autismo síndromico. Cuando se habla de autismo síndromico también se puede hablar de un autismo doble ya que se refiere a que la enfermedad asociada con el autismo . Se refiere a que la enfermedad asociada con el autismo ha sido descrita por su origen en pacientes no autistas construyendo esto la mayoría de los casos. No hay un nexo causal entre ambos trastornos.
Etiología u origen del autismo.
Aunque no se reconocen causas específicas del trastorno del espectro autista (TEA), existen diversos factores de riesgo que han sido identificados y que podrían contribuir a su desarrollo.
Bases neurobiológicas (desórdenes heredados). De hecho, es uno de los trastornos neurológicos con mayor influencia genética. Se han encontrado genes relacionados con el autismo y la epilepsia. Otras investigaciones sugieren que la hormona oxitocina podría desempeñar un papel importante, ya que está vinculada con el reconocimiento y establecimiento de relaciones sociales, así como con la formación de la confianza y la generosidad.
Causas estructurales. Evidencias actuales indican que los sistemas frontoestriado y cerebeloso-motor son algunas de las principales zonas afectadas en las personas con espectro autista, tanto a nivel anatómico como funcional.
Factores ambientales. Algunas investigaciones han postulado que no existiría un único TEA, sino una condición amplia aún no completamente comprendida, que se manifiesta de manera similar en distintos casos.
Factores de riesgo prenatales y perinatales. Incluyen diabetes gestacional, edad materna y paterna mayor a 30 años, hemorragias en el tercer trimestre del embarazo y el uso de ciertos medicamentos durante la gestación.
Factores obstétricos.
Estrés.
Ácido fólico. Se ha planteado que el aumento en su consumo en las últimas décadas podría estar relacionado, aunque no existe consenso definitivo.
Conexión intestino-cerebro. Algunos estudios sugieren que la dieta podría influir en la conducta. Se ha observado que dietas sin gluten podrían asociarse a mejoras en ciertos aspectos fisiológicos y sociales en algunas personas.
Crianza. Entre las décadas de 1950 y 1970 se creía erróneamente que los hábitos de los padres, como la falta de apego o afecto, eran responsables del autismo.
Vacunas. Las investigaciones han descartado que exista relación entre las vacunas y el trastorno del espectro autista.
Detección y diagnóstico.
Los síntomas deben estar presentes en las primeras fases del período del desarrollo, pero el diagnóstico no se realiza antes de los 24 meses. Los principales indicadores de que un niño puede poseer autismo son: alteraciones persistentes en la comunicación social y en la interacción en diferentes contextos y patrones repetitivos y restrictivos de comportamiento, intereses y actividades. El diagnóstico del autismo es con frecuencia un proceso de dos etapas.
La primera comprende una evaluación del desarrollo general durante los controles del niño sano con un pediatra. Los niños que presentan algún problema en el desarrollo se derivan a una evaluación adicional. La segunda etapa comprende una evaluación exhaustiva llevada a cabo por un equipo médico y otros profesionales de la salud con un amplio rango de especialidades. Esta segunda etapa debe ser minuciosa a fin de encontrar si otras afecciones pueden ser las causantes de los síntomas del niño. El equipo incluye un psicólogo ,un neurólogo ,un pediatra, un logopeda u otro profesional experimentado en el diagnóstico del autismo para evaluar la situación. La evaluación puede calificar el nivel cognitivo del niño, lenguaje, su conducta adaptativa de acuerdo a las habilidades a su edad por ejemplo al bañarse, alimentarse, vestirse, también se evalúan niveles de audición con imágenes cerebrales y exámenes genéticos.
Con respecto al diagnóstico según el dsm5 se suele detectar entre los 12 y los 24 meses, aunque puede ser antes o después dependiendo de la severidad. Según este hay que tener en cuenta:
- Diagnóstico cognitivo: Alrededor del 75% de los pacientes diagnosticados con autismo presentan algún grado de discapacidad mental. Se da la consecuencia de que a medida que aumenta el grado de discapacidad mental, también aumenta la prevalencia de autismo. También puede darse una discapacidad mental secundaria.
Se sabe que los niños superdotados tienen características similares a los del autismo tales como introversión y prevalencia a las alergias. Todo suma a las especulaciones convertidas en figuras históricas como Albert Einstein e Isaac Newton, Bill Gates, los cuales se especula que podrían haber tenido síndrome de Asperger. Con esto podemos concluir de que se puede encontrar autistas con distintos niveles de inteligencia.
- Diagnóstico diferencial: El autismo infantil produce alteraciones intelectuales que a menudo son difíciles de diferenciar de la discapacidad intelectual. Sus principales consecuencias son: ausencia en la interacción social, alteraciones profundas en el lenguaje no acordes con las capacidades intelectuales, insistencia en comportamientos estereotipados, resistencia al cambio, incapacidad para anticipar el peligro, entre otras.
El perfil de un niño autista puede poseer: disociación entre el coeficiente intelectual verbal y no verbal con una superioridad por parte de las habilidades no verbales. También se puede observar que el desarrollo del lenguaje no sigue las etapas normales. Pueden darse regresiones espontáneas en el proceso del desarrollo cognitivo y una disociación entre la forma y el contenido del lenguaje y su uso en forma apropiada. Con respecto a la comunicación social los criterios de diagnóstico de esta subcategoría solapan con las de El trastorno espectro autista. Sin embargo la presencia adicional de intereses obsesivos y de comportamientos repetitivos excluyen el diagnóstico de la comunicación de la no comunicación social.
Por qué es importante una buena intervención.
La intervención adecuada suele disminuir el impacto de los déficits tanto en la vida personal como en la familiar y en la vida social, mejorando de esta forma la calidad de vida y la independencia funcional. La intervención temprana ha demostrado la contención o reducción de síntomas autistas, así como mejoras perceptivas, atencionales, cognitivas, comunicativas y en las habilidades sociales. Es necesaria una intervención holística e interdisciplinaria, especialmente orientada a mejorar los aspectos sociales, de comunicación, de lenguaje y de comportamiento.
Actualmente, se acepta la inclusión de niños autistas en escuelas regulares, siempre y cuando cuenten con el apoyo necesario según las necesidades particulares de cada niño. Cada caso es diferente y por eso hay que diseñar un programa personalizado con profesionales de la educación, familia y apoyo de profesionales interdisciplinarios. En la intervención es importante que haya un diagnóstico preciso ya que se han detectado casos en niños con hiperactividad, déficit cognitivo y que no han sido evaluados correctamente y por detrás hay un diagnóstico autista.
La inclusión respeta la diversidad de características del individuo y sus necesidades, promoviendo la integración cuando esta es posible, poniendo el acento en potenciar y mejorar la calidad de vida. Investigaciones han incorporado ciertos medicamentos para la mejora de estos niños. Suelen recetarse antipsicóticos para la irritabilidad o agresividad, estimulantes para la hiperactividad o medicamentos para la ansiedad o depresión.
Con respecto a las terapias es importante tener en cuenta:
- Análisis conductuales aplicados: Estos ayudan a fomentar el comportamiento positivo y a reducir los negativos.
- Terapia ocupacional: Mejora la autonomía en actividades diarias y mejora la parte sensorial de la persona.
- Terapia del lenguaje o fonoaudiología: Ayuda a mejorar el lenguaje verbal y no verbal
- Terapia cognitiva conductual
Es importante la intervención de un psicólogo ya sea en niños o adultos. El objetivo de las terapias es maximizar la capacidad de la persona para funcionar y desarrollarse siendo fundamental el abordaje interdisciplinario.
Pronóstico y calidad de vida.
Muchos niños requieren ser cuidados de por vida mientras que algunos adultos parecen mejorar con el tiempo. La ansiedad y la depresión se presentan con frecuencia en adolescentes y adultos con autismo, entendiéndose como una respuesta al estrés diario, a personas que necesitan encajar todo el tiempo y se desbordan o se frustran frente a los intentos. Las diferencias cerebrales de un individuo con autismo, sacar ventaja de su condición son tan pronunciadas que no se pueden eliminar saque neurológicamente una persona con autismo seguirá siendo diferente a los demás. La calidad de vida mejora en el momento en que las personas con esta condición se sienten capaces de tomar decisiones que repercuten en su vida, durante muchos años este poder se les ha quitado a personas con capacidades diferentes, siendo asumidas por familiares o profesionales.
Con el aumento de la aceptación y de la total integración de las personas a la comunidad en el que se encuentran, pueden lograr independencia siendo este un factor esencial en la mejora de la calidad de vida. Cuando sus necesidades básicas se cumplen y se les da las mismas oportunidades para lograr distintas metas en contextos tales como el hogar, comunidad, escuela y trabajo. Se cree que las pruebas de coeficiente intelectual son inadecuadas para percibir la inteligencia de una persona autista, ya que están diseñadas para personas típicas. Estas pruebas asumen que existen intereses, entendimiento, conocimiento lingüístico, motivación, habilidades motoras, etcétera.
La percepción de “bajo funcionamiento” suele asociarse a la ausencia de habla, a dificultades para la autonomía y a una escasa interacción social. Sin embargo, esta clasificación no siempre coincide con los criterios de coeficiente intelectual. Existen personas con autismo que no desarrollan el lenguaje verbal, pero logran comunicarse eficazmente por escrito y presentan un coeficiente intelectual alto. Del mismo modo, una persona autista puede tener un coeficiente intelectual bajo y, aun así, contar con lenguaje oral. Por ello, estas categorías resultan limitadas y no reflejan la complejidad del espectro.
En este sentido, las etiquetas dentro del autismo suelen ser unidimensionales y presentan una baja capacidad descriptiva, ya que no logran abarcar la diversidad de manifestaciones individuales. A su vez, muchas personas autistas pueden presentar talentos extraordinarios en áreas específicas, lo que demuestra que el perfil de habilidades puede ser muy heterogéneo.
Por otra parte, las experiencias sensoriales en individuos con autismo suelen resultar problemáticas, especialmente en niños con esta condición. Dificultades como la sensibilidad a ruidos fuertes o a luces intensas —por ejemplo, reflejos en espejos— pueden generar altos niveles de estrés, llevando a conductas como taparse los oídos o evitar ciertos estímulos visuales. En este marco, el DSM-5 ha reconocido que las alteraciones en el procesamiento sensorial forman parte del autismo.
Finalmente, el fenotipo ampliado del autismo hace referencia a aquellas personas que, sin presentar un diagnóstico dentro del espectro, manifiestan rasgos asociados, como la evitación del contacto visual u otras características similares, lo que evidencia la continuidad de estos rasgos en la población general.
Activismo como movimiento de la neurodiversidad.
El activismo dentro del movimiento de la neurodiversidad se configura como un movimiento social enmarcado en los derechos de las personas con capacidades diferentes, que pone énfasis en un nuevo paradigma de comprensión. Desde esta perspectiva, el autismo es entendido como una expresión de la diversidad natural del cerebro humano, y no como una enfermedad o un trastorno que deba ser curado.
En este contexto, se promueve el uso de términos como “neurotípico” en lugar de “normal”, “neurodiversidad” en lugar de enfermedad o trastorno, y “neurodivergencia” en lugar de anormalidad. Estos cambios en el lenguaje buscan transformar la forma en que la sociedad percibe y se relaciona con las diferencias neurológicas.
A su vez, este movimiento se posiciona en contra de las falsas promesas de cura y de los intereses que promueven la institucionalización de personas con autismo en contra de su voluntad. En cambio, propone demandar mayor tolerancia y respeto hacia la neurología atípica, así como también educar a la sociedad para desmontar estereotipos erróneos o insultantes sobre el autismo.
En esta línea, se busca evitar enfoques centrados exclusivamente en los aspectos negativos y eliminar el uso peyorativo del término “autista”, que muchas veces se emplea de forma incorrecta para referirse a personas indiferentes o apáticas. Finalmente, el movimiento también lucha contra el maltrato y las prácticas crueles o inhumanas hacia niños y adultos dentro del espectro autista, promoviendo una mirada más inclusiva, respetuosa y basada en derechos.
Como es vivir con un niño con autismo.
(Entrevista a una mamá)
Cómo fue a enterarte de que V. Tenía autismo?
Mi nombre es Daiana, tengo 36 años, y V. nació durante la pandemia. Yo soy maestra jardinera y, desde temprano, noté que algo no estaba bien; observaba comportamientos que no eran acordes a su edad. Cuando lo inscribí en la salita de dos años, las maestras me comentaron que podría tener autismo. Para mí fue impactante que dos maestras, sin ser profesionales, me dieran un diagnóstico. Me fui muy enojada a mi casa, pero decidí consultar a una psicopedagoga y a su pediatra. Mi intención era descartar cualquier problema, y ellos me derivaron a un neurólogo para evaluar lo que las maestras habían mencionado.
Yo iba con la esperanza de que me dijeran que las maestras estaban equivocadas; uno lo que pretende es descartar, no que le confirmen que su hijo tiene autismo. Después de la entrevista con el neurólogo y de realizarle varios estudios, se confirmó que V. tenía autismo. No voy a mentir, fue mucho para procesar, entré en shock al recibir la noticia. Me costó varios días asimilarlo. Tenemos un grupo familiar de WhatsApp, y no quería que todos opinaran, así que mandé un mensaje general: “Acabo de venir del neurólogo y V. tiene autismo. Todavía no estoy preparada para hablar del tema; cuando lo esté, lo haré. Mientras tanto, en las reuniones familiares, no quiero que se hable sobre esto”.
Luego, fui hablando individualmente con mis tres hermanos para comentarles la situación. El día a día con V. es muy desafiante. Hoy tiene una maestra integradora y ya tiene seis años; participa de actividades escolares, pero en el colegio realiza un horario reducido de cuatro horas, ya que no soporta las cinco horas completas. En el aula, a veces se pone música y él se tapa los oídos, porque sus dificultades son más sensoriales que cognitivas, y la maestra debe sacarlo del aula para no afectar a los demás niños.
En la escuela participa de actos escolares y le encanta bailar, aunque el ruido intenso a veces lo molesta. La institución lo incluye en las actividades, lo que es muy positivo. Cuando asistimos a cumpleaños, él llega al evento, pero llega un momento en que se agota, comienza a hacer berrinches y debo retirarnos; no sé si a otras mamás les importa o no, pero yo priorizo la salud de mi hijo. Es un niño que se frustra fácilmente, no tolera demasiado contacto físico si no es con alguien conocido y suele hacer berrinches cuando no consigue lo que quiere. La frustración es una de las bases de su comportamiento. No es agresivo con los demás; tiende a auto-castigarse y, cuando se frustra mucho, puede golpearse la cabeza. Todos los días son diferentes, todos los días son un desafío para mí y creo que también para él.
No estoy con el papá, pero cuento con mucho apoyo de él y de toda la familia. Ahora V. presenta una nueva conducta: mentir, diciendo que le pegamos, que en la escuela le pegan, que los maestros lo lastiman; estamos trabajando con el psicólogo en este tema. Él asiste a sesiones con una fonoaudióloga, una psicóloga, una maestra integradora y una psicopedagoga una vez por semana. Todo esto es muy difícil y complicado, pero he tenido que aceptar que mi hijo es así.
-Estás de acuerdo con que los niños lleven el collar de girasoles?
No, me parece que es una forma de discriminación. Con respecto a V., él es muy sensorial y no se deja poner nada, ni siquiera una gorra. Además, no todos los niños llevan el collar, y no me parece necesario que lo lleven; creo que cada niño debería poder llevar algo propio que lo haga sentir más cómodo. En el caso de V., por su sensibilidad, prefiere llevar su osito, un trapito y sus auriculares.
Yo lo veo como una forma de estigmatizar a un niño, ya que no veo que haya otros niños con el mismo trastorno que también lo lleven. Por eso considero que sería discriminatorio que él tuviera que llevar colgado el collar de girasoles.
Conclusión.
A modo de cierre, hablar de autismo no es solamente hablar de diagnóstico, criterios o intervenciones, sino también desde la humanidad. Cada niño del espectro autista es una persona con una manera única de percibir, sentir, y hablar el mundo. Sin embargo, muchas veces no es la condición, en sí lo que genera dificultad, si no la mirada social cargada de desinformación, prejuicios y exigencias de “normalidad”. La inclusión no debería ser un concepto ideal, implica aprender a mirar con más sensibilidad, a escuchar sin juzgar, acompañar sin encantar forzar moldes. Informarse es una responsabilidad colectiva antes de etiquetar, antes de excluir es necesario comprender.
La discriminación, incluso en su formas más sutiles, deja huellas muy profundas, por eso como sociedad tenemos el desafío de construir espacios, y que lo diferente no sea motivo de aislamiento sino parte de la diversidad humana que nos enriquece. Tal vez el cambio no comienza con grandes discursos sino con gestos simples, una mirada empática, una palabra respetuosa, una actitud abierta. Porque cuando dejamos de intentar que todo encaje en el mismo molde empezamos realmente a incluir.

